La Teología de la Liberación y Latinoamérica

A mediados del siglo XX en Latinoamérica, con un clima de pobreza, injusticia social y regímenes dictatoriales, un conjunto de cristianos adheridos a la Iglesia católica comenzaron a ver las cosas de manera distinta, reinterpretando las palabras de Jesús de Nazaret, para dedicar su vida a aquellos más desafortunados. A pesar de ser un movimiento que se diluyó en no demasiado tiempo, marcó un antes y un después para miles de cristianos en el mundo, pues fue entonces cuando muchos de ellos empezaron a plantearse una visión más cercana del concepto de Dios y de su forma de vivir la fe. Además, con este movimiento surgirían figuras importantes que fueron capaces de generar cambios emocionales y sociales en sus comunidades.

La Iglesia católica, históricamente hablando, había estado siempre dirigida o sufragada por los estamentos más altos de la sociedad. Como consecuencia, la jerarquía eclesiástica generalmente se había situado a favor de los intereses de las élites de poder, y Latinoamérica no era una excepción. En cualquier caso, es cierto que a lo largo de toda la historia de la Iglesia un sinfín de órdenes y personas anónimas adheridas a ella han dedicado sus esfuerzos y su vida a aquellas personas que más lo necesitaban, siendo el movimiento de la Teología de la Liberación un ejemplo muy claro.

Ya en la década de los cincuenta, desde la propia jerarquía de la Iglesia, se estaban planteando maneras de modernizar las acciones eclesiásticas y su visión respecto a los problemas sociales que se sufrían en las regiones latinoamericanas. El Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), creado a principios de dicha década, debía enfrentarse a esos problemas. Por otro lado, en 1959, Juan XXIII anunciaba el Concilio Vaticano II, uno de los hitos más influyentes para la Teología de la Liberación. Hay que tener en cuenta que el Concilio tan sólo pretendía modernizar relativamente la vida eclesiástica y cristiana, a través del concepto de “pueblo cristiano”; es decir, acercar más la Iglesia a la gente, incluso de otras religiones. En Latinoamérica, sin embargo, la interpretación derivó en que la Iglesia sería de los trabajadores, siendo esto a veces entendido como un peligroso acercamiento al comunismo a ojos del estamento más alto de la Iglesia Católica. El Papa Juan Pablo II (en el cargo desde 1978 hasta 2005) fue una de las figuras que más se opusieron a la Teología de la Liberación e hizo lo posible por restablecer su autoridad en Latinoamérica y devolver toda la situación eclesiástica a su antiguo estado.

Tal como anunciaba al inicio del artículo, este movimiento le dio a la Historia figuras relevantes que después crearon escuela o al menos influyeron mucho en sus semejantes. Es el caso de Carlos Mugica, jesuita argentino que murió asesinado defendiendo estas ideas basadas en el cristianismo a merced de las personas humildes. Este sacerdote nacido en 1930 en una familia acomodada tenía, sin embargo, una profunda sensibilidad respecto a los problemas sociales que se desarrollaban entonces. Los sectores más reaccionarios de la sociedad se enfrentaron a él, lo cual le costó la vida a la temprana edad de 43 años, siendo disparado frente a la parroquia de San Francisco Solano en Buenos Aires.

Liberación Latinoamérica
El padre Carlos Mugica, en un acto por la pobreza.

Mugica, en cualquier caso, no fue el único miembro de la Iglesia que se replanteó la actitud que debía tomar ésta respecto a ciertas cuestiones. En 1968 se celebró en Medellín (Colombia) la II Conferencia General de los obispos latinoamericanos, en la cual se debatieron temas como la evangelización y la expansión de la fe, así como la propia estructura institucional de la Iglesia católica. Sus conclusiones influyeron notablemente en multitud de católicos que se opusieron firmemente a las dictaduras militares. Aun así, no fue hasta 1971, cuando se publicó por primera vez el libro Teología de la Liberación: Perspectivas, del teólogo peruano Eduardo Gutiérrez, cuando se puede hablar de una consolidación real del movimiento. Con su lectura, multitud de sacerdotes comenzaron a interpretar los evangelios como una especie de llamamiento a luchar por los pobres, y así empezaron a unirse a la lucha política.

 Los teólogos de la liberación encontraron apoyo suficiente en los fieles y se enmarcaron en la oposición a procesos sociales tales como la dictadura instaurada en Brasil (1964-1985), luchando contra el Gobierno impuesto a la fuerza. Este fue el primer país en el que los sacerdotes ejercieron su labor pastoral entorno a pequeños grupos partidarios de la modernización de la Iglesia y la lucha contra las injusticias sociales.

 A pesar de estos visibles avances, había un gran número de cristianos católicos que consideraban un error el que la Iglesia se mezclase en asuntos políticos, entendiendo que sus acciones debían limitarse a la fe y la vida religiosa. Además, desde los sectores más conservadores de la Iglesia católica (especialmente en la jerarquía eclesiástica) se atacaban fervientemente estas nuevas ideas, y para ello algunos de los cargos eclesiásticos contrarios a la Teología de la Liberación llegaron, incluso, a apoyar esas dictaduras militares contra las que la nueva teología luchaba. Demostraban su actitud de desprecio hacia la Teología de la Liberación dejando de lado, paulatinamente, las cuestiones sociales, como ocurrió con los casos del cardenal Juan Francisco Fresno o el monseñor Errázuriz (fiel opositor al activismo político) en Chile. En cualquier caso, es cierto que el primero se esmeró en buscar una salida democrática a la dictadura de Pinochet. También, como ya he apuntado anteriormente, el hecho de el Papa Juan Pablo II se opusiera firmemente al movimiento hizo que éste acabase desmoronándose con el paso de los años. En una visita que hizo a Centroamérica en 1983 expresó de forma oficial su posición en el asunto, lo cual lógicamente influyó a miles de fieles y miembros de la Iglesia. En cualquier caso, esto no supuso un retroceso como tal. Las ideas de la Teología de la Liberación habían dejado una huella difícil de borrar que la CELAM tuvo que tener en cuenta a la hora de gestionar sus futuras acciones, basadas en buscar una alternativa al movimiento que estuviese conformado como una suerte de punto intermedio entre ambas visiones respecto a la actitud de la Iglesia en Latinoamérica.

El papa Juan Pablo II visita Honduras en 1983.

Se puede concluir que el movimiento de la Teología de la Liberación supuso un gran cambio en la realidad latinoamericana de la época, abriendo la puerta a nuevas interpretaciones ya no sólo de aspectos internos de la Iglesia, sino también del propio Evangelio. Esto sin duda marcaba una nueva etapa en la forma de entender la fe para miles de fieles que a día de hoy aún permanece. La oposición de la jerarquía eclesiástica a la modernización de la Iglesia ha ido perdiendo fuelle en las últimas décadas, lo cual está demostrado con la elección del Papa Francisco, (por cierto, argentino y jesuita), que ha demostrado en varias ocasiones sus revolucionarias opiniones al respecto de esa cuestión.  Los comentarios acerca del divorcio, por el cual el Papa demuestra no tener ya aquella antigua aversión que caracterizaba al mundo eclesiástico, y el hecho de que afirme que las personas pertenecientes a la comunidad LGTB no deberían ser juzgadas demuestra esta nueva etapa en la Iglesia católica.

 

Bibliografía

Mignone, Emilio. Iglesia y dictadura: el papel de la Iglesia a la luz de sus relaciones con el régimen militar. Buenos Aires: Ediciones Colihue, 2006.

Palacios, Marco. Historia general de América Latina, volumen VIII. sl: UNESCO, 2008.

Rowland, Christopher. (ed.). La teología de la liberación. Madrid: Cambridge University Press, 2000. (Edición española).

Heise, G., Julio. Historia de Chile: El Período Parlamentario, 1861-1925. Santiago de Chile: Editorial Andrés Bello, 1974.

Bastian, Jean Pierre. La modernidad religiosa: Europa y América Latina en perspectiva comparada. México D.F.: Fondo de Cultura Económica, 2004.

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Graduada en Historia por la Universidad Complutense de Madrid (promoción 2012-2016), en el último curso elegió los itinerarios de Historia Contemporánea e Historia de América. Su Trabajo Fin de Grado consistió en un estado de la cuestión respecto al estudio de la experiencia emocional de los soldados de la Primera Guerra Mundial en el frente occidental. Sus intereses giran en torno de la microhistoria, la Historia de las Emociones y la Historia Social, así como en las artes y su relación con el proceso histórico. Además, es actriz en una asociación teatral de Rivas Vaciamadrid. Actualmente se dedica a escribir artículos para revistas digitales independientes de divulgación histórica y reseñas literarias en un blog de autoría propia, en castellano e inglés.

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