Integralismo lusitano: trayectoria y fundamentos ideológicos

El Integralismo Lusitano fue un movimiento político tradicionalista surgido en el contexto de la I República Portuguesa (1910-1926). Monárquico, antidemocrático, antiliberal, antiparlamentario, este movimiento era en parte heredero de la tradición legitimista portuguesa, a la vez que se inspiraba en gran medida en los principios de Action Française y el pensamiento Charles Maurras, encajando dentro de esa ola de movimientos reaccionarios que empezaban a extenderse por Europa en esa época, como el fascismo italiano o el nacional-sindicalismo de Primo de Rivera en España.

El Integralismo Lusitano no tendrá un alcance ni mucho menos extensivo, sin embargo, su ideario político adquirirá transcendencia ya que desempeñaría un papel importante en la preparación político-ideológica en el terreno del mesianismo dictatorial, convirtiéndose así en una clara influencia de la ideología del Estado Novo.

Con este artículo intentaré hacer una síntesis del ideario integralista así como un recorrido de su actividad en los años de mayor efervescencia del movimiento.

El recorrido del integralismo: surgimiento, ascenso y caída

El movimiento se forma en torno a la Universidad de Coimbra (con especial protagonismo de la Facultad de Derecho) durante los convulsos años de la I República Portuguesa. A partir de 1907, esta universidad se convirtió un núcleo de actividad política muy crítica con un régimen dominado por un sistema de partidos conocido con el nombre de rotativismo, que era similar al turnismo español. El ambiente de decadencia de este sistema quedó reflejado en la creación de dos influyentes organizaciones estudiantiles: el Centro Académico Republicano, y su opuesto, el Centro Académico Monárquico. Este último, en un momento en el que los republicanos hegemonizaban la academia, llamaba a la unión de los estudiantes conservadores bajo la bandera monárquica, defendiendo un modelo de monarquía autoritaria aunque sin llegar a un punto claro de definición, no detectándose ninguna resonancia de la monarquía orgánica y corporativa que preconizarían los integralistas. El plan integralista irá mucho más allá de la monarquía y los “conversos” integralistas saldrán tanto del CAM, como es el caso de Almeida Braga, como del CAR, como António Sardinha.

Antonio Sardinha; poeta, ensayista y político, uno de los líderes del integralismo lusitano.

El integralismo comenzará propiamente alrededor de un grupo de jóvenes con intereses no políticos, sino literarios y culturales. El grupo, que publica ficción, poesía, crítica de teatro, etc., hacía gala de un nacionalismo literario que preconizaba el retorno a las tradiciones nacionales y populares.

Influencia directa en este grupo la ejercerá la revista literaria Alma Portuguesa editada en Bélgica en 1913 por un grupo exiliados monárquicos, en la cual aparece por primera vez el término «integralismo lusitano», así como la aparición en Francia de Os Meus Cadernos de Mariotte (pseudónimo de P. Amadeu de Vasconcelos) que servía como presentación de las doctrinas de Maurras.

El movimiento que ya podemos llamar integralismo lusitano queda formado definitivamente con la publicación de la revista Nação Portuguesa, iniciada el 8 de Abril de 1914. En las páginas de esta revista, primer gran órgano teórico del movimiento, se desarrollará el programa político integralista de la «Monarquía orgánica tradicionalista antiparlamentaria».

Rápidamente este carácter romántico y literario del primer integralismo se volverá definitivamente político, siguiendo también en este caso el ejemplo de Maurras. Este salto a lo político se concretaría con la creación de la llamada Junta Central do Integralismo Lusitano, órgano político del movimiento cuyo ideario quedaría perfectamente definido en su manifiesto y sus estatutos.

Portada de revista Nação Portuguesa, órgano de difusión de ideas del integralismo.

 

Con el triunfo de la Revolución sidonista, llamada así por su líder, Sidonio Pais, que dio paso a la I República Portuguesa, la actuación política del integralismo tomará más relevancia. Los integralistas, que en Febrero de 1917 habían fundado el periódico A Monarquia, sucesor de Nação Portuguesa como medio de difusión de sus ideas, comprobaron que el nuevo régimen les permitía un mayor margen para poner en marcha sus maniobras de influencia e intrigas “palaciegas”, única forma de intervención política a su alcance que concordaba, además, con su concepciones elitistas del poder.

Los integralistas, efectivamente, intentaron agitar el régimen sidonista, imprimiéndole un sentido anti-republicano y anti-democrático. Sin embargo, no consiguieron convencer al rey Manuel II para abandonar su candidatura a las elecciones y acabaron integrándose con los monárquicos constitucionalistas en la Comissão Eleitoral Monárquica y en listas electorales conjuntas, con lo que lograron conseguir así representación en el senado y el congreso.

Manuel II, rey de Portugal hasta 1910.

Tras el asesinato del presidente Sidónio Pais estalló la conocida como revuelta monárquica de Monsanto por la que se proclamó la Monarquia do Norte, en la que el grupo integralista tuvo un papel principal. Esta restauración monárquica duró sólo 25 días, del 19 de enero al 13 de febrero, y tras su fin y ante la tibieza de Manuel II, los integralistas renegarán del liderazgo del antiguo monarca e intentarán sumar fuerzas uniéndose a otros sectores monárquicos. El integralismo pasó así a declarar su apoyo, el 19 de octubre de 1919, a Duarte Nuno de Bragança, candidato al trono del movimiento monárquico absolutista conocido como miguelismo.

Esta confluencia entre miguelistas e integralistas no fue una fusión, sino una unión coyuntural de conveniencia que permitía a las dos organizaciones mantener su autonomía. Sin embargo, esta alianza no gustó a todos los integralistas y provocó la primera escisión dentro del movimiento cuando, en 1921, algunos integralistas que se habían mantenido fieles a Manuel II fundaron Acção Tradicionalista Portuguesa, organización política que en 1923 cambiaría su nombre a Acção Realista.

También en esta época los integralistas intentaron dotar a su movimiento de una estructura organizativa amplia, con una Junta Central, juntas provinciales, juntas municipales, núcleos parroquiales, sindicatos, etc., sin embargo esta tentativa de expansión organizativa tuvo escaso éxito, viniendo a confirmar el carácter elitista del movimiento.

Junto a este carácter elitista, el integralismo lusitano mostró una gran inflexibilidad que lo llevó a enfrentarse abiertamente tanto con monárquicos de obediencia manuelista, como con los escindidos de Acção Tradicionalista, así como con otros grupos como el Centro Católico. Esta actitud irá sumiendo al movimiento en un aislamiento político que acabará por silenciarlo.

Finalmente, el integralismo, marginado, acabaría abandonando la actividad política y retomando a su activismo doctrinario con la reaparición A Nação Portuguesa en 1922. Pero esta retirada de la política activa no fue tampoco absoluta, ya que algunos de sus miembros destacados, como Hipólito Raposo, siguieron ejerciéndola, así como tampoco significó la desaparición del movimiento del mapa político. Si la organización política integralista desapareció, desde sus publicaciones su fuerza ideológica e influencia en los medios políticos conservadores crecerá. La afinidad y la simpatía que irá mostrando con el fascismo italiano y el nacional-sindicalismo español, parece que los sitúa en un contexto político, al menos en un nivel teórico, que les es afín, lo que los sitúa también en una posición favorable para ejercer su influencia en el ideario salazarista.

La doctrina integralista

Como se dijo anteriormente, la principal influencia de los integralistas fueron las teorías de Maurras y de la Action Française. Sus opositores acusaron al movimiento de ser una importación francesa, y para defenderse de esto, los integralistas reclamaron una originalidad propia, reivindicando una lectura contrarrevolucionaria de la vida intelectual portuguesa del siglo XIX, de la cual ellos serían continuadores. Definitivamente, podría decirse que el integralismo lusitano fue una confluencia entre el miguelismo y el maurrasianismo, o sea, la forma que tuvo el movimiento contrarrevolucionario que se estaba formando en Europa de adaptarse específicamente a la tradición antiliberal portuguesa.

El proyecto integralista no se basaba, al contrario que el de los demás grupos monárquicos, simplemente en una de restauración de la monarquía, sino que abogaba por la implantación de un tipo de estado completamente nuevo basado en los principios del nacionalismo tradicionalista, principios opuestos al liberalismo, a la democracia parlamentaria e al capitalismo. En contra de la realidad individualista y desorganizada que, según los integralistas, implica el estado liberal y la democracia, ellos apuestan por un sistema “orgánico” y jerarquizado, regido no por criterios de representación individual, sino por criterios corporativistas.

La monarquía no es, por tanto, un fin, sino un medio, la conclusión lógica y práctica de esta estructura orgánica. El rey, aunque de carácter autoritario, no ejercería un poder absoluto emanado de la divinidad, sino que sería simplemente la cima de esa nación orgánica. Así, el Estado integralista no se considera ni absolutista ni totalitario, porque el poder del monarca está limitado y sustentado por la nación. Para evitar el absolutismo deben reforzarse así los organismos intermedios de la nación, o sea, los municipios. Esta concepción municipalista del Estado limitaría el poder del monarca, evitando las tendencias personalistas y el estatismo dictatorial. Definitivamente, el estado integralista pretende ser orgánico, alejado de cualquier individualismo, un Estado al servicio de la nación, y no al contrario.

Conclusiones

A pesar de su elitismo y de su poca extensión, la doctrina del integralismo lusitano dejó su huella en la historia, sobre todo por servir de inspiración al ideario del Estado Novo. Aunque pueda parecer lo contrario por su carácter elitista, el integralismo lusitano no era excesivamente original en su planteamiento ni estaba, ni mucho menos, fuera de onda. Como ya se dijo anteriormente, fue, en definitiva, la forma que tuvieron de adaptarse al contexto portugués las teorías antidemocráticas y contrarrevolucionarias que se estaban extendiendo en esa época por el continente europeo.

Bibliografía

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– Ferreira, David. (1973). História política da premeira república portuguesa: 1910-1915, v. 2. Lisboa: Livros Horizonte, 1973.

– Moog Rodrigues, Ana Maria. 1987. António sardinha: Alguns aspectos do seu pensamento. Revista Portuguesa De Filosofia, 43 (1987): 451-62.

– Sardinha Desvignes, Ana Isabel. (2006). António Sardinha (1887-1925): um intelectual no século. Lisboa: Imprensa de Ciências Sociais, 2006.

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Fundador de la Start-Up La Odisea de la Historia. Licenciado en Humanidades en la Universidad Pablo de Olavide, especializado en gestión y técnicas informáticas para Archivos, bibliotecas y bases de datos. Realizó además el Máster Historia de Europa, el Mundo Mediterráneo y su difusión atlántica: Métodos, Teorías y Nuevas Líneas de Investigación (1492-2000) de la Universidad Pablo de Olavide, y actualmente realiza su doctorado en la misma universidad en la que investiga sobre los procesos de democratización en el mundo rural.

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