Reseña: Manifiesto por la historia

Una nueva corriente mueve las velas de las ciencias sociales, acomodadas hasta hoy, dejando el protagonismo a disciplinas como la economía, el derecho o la politología. Esta nueva fuerza se propone el desafío de ocupar el espacio que le corresponde en las sociedades, recuperando las conexiones que puedan aportar una visibilidad pública de mayor alcance, sin que falte al carácter analítico y crítico que de por sí tienen las humanidades.

Jo Guldi y David Armitage en post de defender la importancia que las humanidades y la historia deberían tener sobre problemas como el medio ambiente, las desigualdades, la gobernanza, la democracia o el capitalismo, nos brindan sus argumentos, las herramientas que ellos creen útiles para la sociedad y la educación observables desde el prisma de la historia, recogidos en este manifiesto que publica Alianza Editorial (2016), dos años más tarde que en Cambridge University Press.

Es posible concebir que el árbitro de todas las disciplinas, no sólo de las ciencias sociales, sea la que en su seno guarda la memoria de todos los errores y los aciertos cometidos (la historia). ¿Es posible?

A lo largo de sus doscientas páginas el Manifiesto por la historia da cabida a multitud de preguntas y temas que afectan en la actualidad a estas disciplinas:

  • Cuál es la manera más eficaz de estudiar y publicar historia (no estudiando parcelas valladas y cerradas, por ejemplo).
  • Reflexiones sobre la crisis del cortoplacismo en las investigaciones; la escasez del pensamiento a largo plazo (la larga duración que tanto defendieron estudiosos como Fernand Braudel).
  • Cuáles son las herramientas que nos permiten iluminar el pasado y comprender el futuro (para distinguir entre verdad y falsedad de nuestro pasado y del presente).
  • El uso de “big datas” en las ciencias sociales, cuya abundancia requiere observación, interpretación y síntesis.
  • En un mundo en constante cambio, ¿quién está preparado para traducir para los demás?
  • Cuáles son las maneras de pensar sobre el futuro desde las ciencias sociales y las humanidades.

Y algunas respuestas:

  • La necesidad de avanzar mirando hacia atrás.
  • La necesidad de construir “grandes relatos” de cambio social, relatos críticos, estructurales y escépticos con las distintas narraciones.
  • La visión de las universidades como centros de innovación donde se investiga sin tener en cuenta el beneficio ni la aplicación inmediata; institución que debe plantear interrogantes y aportar medios para encontrar respuestas actualizadas.
  • Las humanidades deben ser instrumentales, efervescentes y adaptables tecnológicamente (no accesorias, no obsolescentes, no vulnerables a los nuevos tiempos).
  • La figura del historiador como actor importante en su presente, que debe complementarse y coger el relevo a otras disciplinas para poder ejercer de forma eficiente en puestos de responsabilidad dentro de nuestras sociedades.

En este libro podemos disfrutar de un discurso que desea dar la vuelta a la tortilla, llegar al máximo público posible (especializado o no), promover la síntesis de las experiencias abarcadas en un espacio temporal mayor de estudio, con la finalidad de resolver conflictos y desigualdades actuales, y observar, en periodos históricos más largos (y no tanto en épocas concretas, en fenómenos o personajes particulares), el devenir de las tendencias y sacar analogías de ellas, para prever los problemas que acarrearán en un futuro.

Hace un llamamiento a todo humanista, en especial a los historiadores, a que se unan para que pongan remedio a tanto ruido antes de que sea demasiado tarde y las consecuencias de que nuestra rosa de los vientos haya sido dirigida por el pulso económico sean irreparables, afectando a todas las esferas del desarrollo global: humano, climatológico, político, académico, etc.

La manera en que plantean sus propósitos, a ojo de buen lector algo compleja en cuanto a la ingente cantidad de ejemplos que recoge, tal vez no sea la más eficaz para llegar a un público en masa, pero personalmente estoy de acuerdo con la totalidad de las ideas que plantean los autores.

El debate está servido, invita a la confrontación directa contra un sistema que nos impone todo lo contrario y eso lo hace parecer revolucionario, original, digno de mencionar en cualquier conversación entre especialistas y estudiosos de la educación (no necesariamente académica).

La lucha en favor de la creación de humanos formados parece no convenir a los gobiernos, que centran su potencial en otro tipo de inversiones más materiales, más beneficiosas para el poder y menos para la comunidad. Aunque sus aportaciones no son para nada desestimables, la economía no debiera ser regidora de todo.

Nos han metido por los ojos el sueño americano llevado al absurdo. Somos esclavos del sueño porque tergiversamos el término “prosperidad”. Y por eso lo amamos, porque han hecho de un producto utópico una necesidad que todos anhelamos. ¿Y ahora cuál es el verdadero producto? esta es la pregunta que me hago al recorrer las páginas del Manifiesto, al ver la televisión o escuchar cualquier discurso político, en boca de un político o de un ciudadano común. Y la respuesta es siempre la misma. Pero enfrente del cristal que te sirve como escaparate hoy pego este cartel, como sin duda habrá otros, para contribuir a devolver el significado a las palabras “libertad”, “prosperidad” e “igualdad”, con el simple objetivo de crear conciencias libres.

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Formado en Literatura universal y Filología. Actualmente, cursa la titulación de Periodismo Cultural impartida por Revista de Letras en colaboración con la Escola d'Escriptura del Ateneu Barcelonés, y escribe crítica y crónica en su blog personal. Ha participado en numerosos cortometrajes como guionista, director y actor; así como en el mundo del teatro, como actor. Socio fundador de la Asociación Cultural Éufrates. En la Revista Éufrates también colabora como corrector estilístico.

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