La edad de oro del Imperio Romano: el siglo de Trajano y Adriano

La edad de Oro de la mal llamada dinastía antonina ha sido tradicionalmente definida y considerada por la historiografía como uno de los periodos más prósperos de la era imperial romana. Un periodo de cambios, con apariencia de estabilidad, en el que se ven culminadas las reformas flavias dentro de un escenario de búsqueda de «libertad y poder», bajo la idea de Roma como vínculo de unidad del mundo conocido. El deseo de orden, seguridad y regularidad hacía necesaria la presencia de un emperador que pusiera fin a los problemas de fondo arrastrados por la dinastía anterior, y devolviera a los hombres la satisfacción de tener en posesión el mayor imperio jamás conocido. Sin embargo, la imagen estática de vitalidad, prosperidad y abundancia apreciada e impulsada por los diferentes intelectuales y dirigentes de las más altas esferas de poder del imperio, no es más que el resultado de la propaganda divulgada por éstos, en muestra de su inmensa gratitud y satisfacción por haberles sido concedido un lugar de honor en el Estado.

Con la llegada y presencia de emperadores de origen provincial, los sectores sociales de orden ecuestre y regional recuperaron las libertades senatoriales y se beneficiaron de la relaciones que mantuvieron con el emperador, quién, a opinión de Plinio, se comportaba como un senador más. El afianzamiento de estas nuevas élites sociales no hizo más que impulsar el desarrollo de un sistema burocrático por medio del establecimiento de relaciones y contactos con las oligarquías municipales. En este nuevo modelo imperial, los grupos de poder intermedios ostentaban una posición relevante en las políticas sociales, pues las asambleas provinciales se convirtieron en los organismos intermediarios entre la población y el emperador. El desarrollo de este nuevo sistema proporcionó mayor seguridad en las fronteras y, a su vez, impulsó y consolidó un sentimiento de unidad y cohesión entre las diferentes provincias del imperio y la capital. De tal manera que el emperador se presentaba como el representante del orden establecido y el nuevo sostén regenerador que proporcionaba paz, estabilidad y cohesión a un imperio inmenso, plural y desigual.

Imperio Romano
El Imperio Romano en el 117 d. C. , año en el que Adriano sucede a Trajano.

En este nuevo tipo de gobierno, el cursus honorum lo componían los méritos propios y no se circunscribía simplemente a la nobleza heredada. El sistema de adoptio se convirtió en un mecanismo de sucesión ficticio pero eficaz para la consolidación, la continuidad y estabilidad del poder. Un mecanismo que, sin embargo no deja de ser más que una contradicción entre el nuevo programa político e ideológico de la época y las tradiciones jurídicas romanas. La elección del más apto y virtuoso llevó, en primera estancia a Trajano, y después a Adriano al poder imperial.

Tras la muerte de Nerva, Trajano, hombre de provincia que había obtenido el patriciado de manos de Vespasiano, fue nombrado emperador por derecho propio. Las grandes y elocuentes virtudes de éste generaron que en torno a él se creara y difundiera una imagen idílica, llegando a ser considerado un héroe por casi todos. Este hecho se deja ver en hombres como Tácito, quién muestra en sus escritos su admiración por la figura e ideales del nuevo emperador. Trajano llegó a cautivar y a ganarse el favor del Senado, el cual le otorgó el título de Optimus. Buen general, estratega, expansionista, paternalista, rodeado de personajes influyentes y promotor de medidas e instituciones tan destacadas como los alimentas y el desarrollo agrícola, hizo de su reinado uno de los más recordados y prósperos de la historia imperial romana.

Imperio Romano
El emperador Trajano.

Sin embargo, el imperio alcanzó su mayor esplendor con la llegada de Adriano al poder en el 117 d.C. La imagen transmitida de Adriano en la Historia Augusta es la de un personaje de lo más contradictorio, sin embargo, a partir de las diferentes fuentes podemos extraer algunas de sus virtudes relacionadas con la admirable gestión de su gobierno.

Adriano, quien fue considerado un excelente militar, poeta, músico, astrónomo e intelectual, ambicionó resucitar el glorioso pasado de Grecia a través de la expansión de la cultura griega por todos los rincones del imperio. A lo largo de su reinado realizó numerosas e importantes donaciones, favores, transformaciones urbanísticas y regalos, que beneficiaron sobre todo a la capital del Ática. Adriano, el filohelénico, llevó a la cultura griega a un nuevo auge. Su amor y lealtad por Grecia favoreció la difusión de su lengua, cultura, saberes, arte y cultos por todo el Mediterráneo, creando un lazo afectivo e intelectual entre ambos extremos del imperio y la capital. Sin ir más lejos, el mismo emperador adoptó la barba como símbolo de lealtad a Grecia.

Imperio Romano
El emperador Adriano. Museo Arqueológico de Sevilla.

El periodo adrianeo se caracterizó también por la muestra de preocupación e interés del emperador por las provincias de su imperio, a las cuales no dudo en conocer, beneficiar, embellecer y apoyar a través de actos evergéticos y confecciones de derechos. Actos y obras que también remodelaron y embellecieron a la propia capital imperial. Además, Adriano llevó a cabo la creación y renovación de ciudades con el fin de promover la paz y la seguridad en todos los rincones del imperio y en sus fronteras, con el objetivo de lograr separar “el mundo civilizado de lo bárbaro”. Para ello, adoptó las medidas fundamentales de Augusto y abandonó las conquistas llevadas a cabo bajo el reinado de su antecesor, poniendo fin a la misión expansionista y dando finalmente un respiro al imperio. En consecuencia, Adriano pasó fuera de Roma e Italia la mayor parte de su reinado, visitando las provincias, los ejércitos y reorganizando las defensas fronterizas del imperio, cuyo resultado más famoso fue el muro que lleva su nombre en Britania.

Con todo ello, el objetivo fundamental de Adriano residía en el establecimiento de la paz, la unidad del imperio, la difusión de la cultura helenística, la propagación de las ciudades y la explotación de los recursos agrícolas con el fin de aumentar la producción alimenticia.

Como hemos podido apreciar, los primeros años del siglo II d.C. se caracterizan por una época de cambios, adaptaciones y remodelaciones de los cuales fueron testigos las máximas figuras de la literatura del momento, desde Tácito y Juvenal, hasta Apuleyo y Luciano, pasando también por el retrato social que nos muestra Plinio de la última década del siglo I d.C. y la primera del siglo II d.C. Sin embargo, todo este tipo de contradicciones entre “lo nuevo y lo viejo, el pasado y el presente, la apariencia y la realidad”, no es más que el producto obtenido y forjado en un periodo de cambios, que históricamente y a largo tiempo, coinciden, dota y hace del periodo uno de los más atractivo de la historia de Roma.

Bibliografía

Birley, Anthony, Marco Aurelio, la biografía definitiva. Madrid: Gredos, 2009, pp. 15-38.

Cortés Copete, Juan Manuel “Adriano y Grecia” en Calandra, Elena; Adembri, Benedetta, (eds.), Adriano e la Grecia, Milán: Electa, 2014, 9-17.

Garzón Blanco, Jose Antonio “Los antoninos: análisis de la actuación imperial en la política romana del siglo II. D.C”, Baetica, Estudios de Arte, Geografía e Historia. (1989): 153-165.

Plácido Suárez, Domingo, “Un siglo de cambios”, en Cortés Copete, Juan Manuel; Muñiz, Elena (eds.), Adriano Augusto, Sevilla: Fundación José Manuel Lara, 2004, 17-33.

Posadas, Juan Luís, Emperatrices y princesas romanas, Las Rozas (Madrid): Raíces, 2008.

Imágenes

Imagen de portada: http://www.nationalgeographic.com.es/temas/columna-de-trajano/fotos/1

Mapa: http://almacendeclasicas.blogspot.com.es/2015/04/mapa-del-imperio-romano-en-el-ano-117-dc.html

Trajano: http://www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/trajano-nacio-en-italica-hace-1960-anos_7619

Adriano: foto propia.

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Graduada en Geografía e Historia por la Universidad Pablo de Olavide, promoción 2011-2015. Realizó su Trabajo de final de Grado sobre el culto imperial en Itálica. Interesada en los estudios de género e históricos acerca de las mujeres en la Antigüedad y en la Modernidad. Realizó el Máster en Religiones y Sociedades organizado por la Universidad Pablo de Olavide y la Universidad Internacional de Andalucía, el cual culminó con el Trabajo de final de Máster titulado “Plotina y Sabina en la religión romana”. En el curso 2016- 2017 cursó el Máster en Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de Idiomas en la Universidad Pablo de Olavide. Para el próximo curso comenzará un programa de doctorado cuyo tema, aún por definir, consistirá en un estudio trasversal sobre el modelo propagandístico y la imagen política y religiosa de las emperatrices romanas y renacentistas, centrándonos en cuatro figuras aún por determinar.

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